Tomatitos en fuga – Historia levemente escapista

Existen verdades absolutas en el universo tal y como lo conocemos. Como por ejemplo, que el mundo es redondo y no se puede andar Cosiendo Almohadas Grises Ataviadas No De Ojos por los rincones (cómo estuve, ¿eh? Fino, ¿no?); que no se debe escupir para arriba (imagino que porque se puede manchar el techo); que la diferencia del tiempo utilizado para recorrer una misma distancia en diferentes ocasiones es inversamente proporcional al tiempo que hace que no vamos al baño, entre otras verdades.

Así también, existen otras verdades más personales, como que cuando pido un libro de la biblioteca indefectiblemente voy a ser suspendido por devolverlo tarde; que llego tarde; qué tarde que es para leer un libro, etcéteras.

Así es que, como no cabía otra posibilidad, y asociado a las verdades personales, se sucedió una situación extraña con dos tomates. Inocentes ellos de la circunstancia que los llevó a pasar un tiempo indeterminado en mi heladera, desde el momento en que fueron adquiridos esto estaba destinado a pasar. Ni siquiera recuerdo desde cuándo estaban allí; vale decir que la heladera no es un lugar muy visitado por mí.

Todo sucedió cuando por alguna extraña razón (seguramente porque tenía hambre), anoche, medio dormido y a oscuras, quise averiguar si tenía algo comestible en la heladera, aún cuando en base a las estadísticas lo consideraba prácticamente imposible.

Al momento de abrir la puerta de la heladera, la luz no se prendió y sentí que comenzaba a temblar de forma extraña, lo que me hizo pensar que la muy bastarda se había descompuesto. Sin embargo, al tanteo, descubrí que el interruptor de la luz estaba atorado con un escarbadientes, el cual tenía en el extremo lo que imagino fue, en tiempos remotos, una aceituna sin carozo.

En el preciso momento de quitarlo, y a pesar de haber quedado levemente encandilado con la lámpara halógena de 200 watts, noto, con el rabillo del ojo, que algo se mueve a mi derecha. Al volverme me encuentro, en donde deberían ir lo huevos (y eso me hace acordar al acertijo de por qué no se puede poner un huevo en la heladera), un tomate desalineado, medio aplastado, con más tonos marrones oscuros que rojos (y eso me hace acordar al chiste de los ciclistas) que se encontraba, extrañamente, en un lugar que no le correspondía (donde van los huevos, como dije antes). Tenía la superficie rasgada y le supuraban semillas amarillentas, hediondas y pegajosas, que caían hasta el suelo salpicando mis pies. Estaba dando saltos de un lugar a otro, gruñendo amenazadoramente, escupiéndome semillas podridas directamente a los ojos en cada salto.

De pronto, mientras cubría la vista de esos escupitajos, un frasco de vidrio de champignones se estrelló mi sien izquierda, haciéndome girar 360 grados, arrojándome hacia atrás dos metros, hasta golpear  contra el pestillo de la puerta de la cocina la quinta vértebra cervical. ¡El maldito de la puerta solo era una distracción para que su cómplice pudiera dispararme tranquilamente! ¡Había caido en el viejo truco del tomate en la puerta de la heladera como un bebé de pecho!

Al golpearme, varios de los vidrios de la puerta se rompieron y cayeron sobre mí cual lluvia en día de lluvia sin paraguas, causándome graves cortes en el pelo, arruinando completamente el excelente trabajo de mi peluquero Roberto, quien me había hecho el corte que Marlon Brando llevaba cuando fue fotografiado por ser arrestado por transoporte ilegal de marsupiales en celo.

Eso me puso furioso. Por eso me hice ese peinado, en solidaridad con Marlon.

Eso me puso furioso. Así que recogí del suelo los trozos de cristal y comencé a arrojárselos a los bastardos vegetales que no lo son, con una velocidad tan alta que, si graficáramos tomando el eje de las equis como el delta té y el eje de las í como el delta vidrio, tendríamos prácticamente una recta vertical, a menos, claro, que encontráramos una escala adecuada asociada a la variación de tiempo. Pero está salado, ni Neo se acerca.

El asqueroso tomate que se encontraba en el centro realizó un completamente triple salto mortal en dirección de la puerta de la heladera, esquivando todos los proyectiles como hacía el hombre araña imitando a Neo que imitaba a un japonés que esquivaba balas en una película de la que no me acuerdo el nombre, pero con un impulso notoriamente mal calculado, ya que pasó sobre ella, se estrelló contra la pared y cayó al suelo, emitiendo un patético “¡Plof!” en cada golpe. Tomate de porquería, esa mancha de la pared no sale con nada.

El restante, al ver a su compañero yacer en el suelo, desparramado, podrido, fenecido, dirigió hacia mí su mirada enfurecida y, mientras emitía un sonido gutural digno de un tiranosaurio rex, comenzó a arrojarme disparos de salsa de soja, queso rallado y todo lo que había en la heladera (poca cosa en realidad). Pero cuando tomó la caja de la salsa de tomate, también vencida y con hongos, indudablemente no lo soportó más y se arrojó de lleno al vacío, dando fin a su triste existencia en tres tristes dimensiones, pasando a ser solamente una mancha de largo y ancho de caprichosas dimensiones.

No terminaba de suceder lo sucedido, cuando el congelador comenzó a vibrar enfurecidamente. Inmediatamente, y sin intentar averiguar las razones, me arrojé contra el termostato, colocándolo en el nivel de menor temperatura. Cuando todo esté completamente congelado terminaré de solucionar ese problema, sin mayores preguntas.

En definitiva, y lo más relevante, anoche tuve que dormir con hambre. Sí, confirmado, me levanté porque tenía hambre.

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 4.5/5 (6 votes cast)
Tomatitos en fuga - Historia levemente escapista, 4.5 out of 5 based on 6 ratings

5 Responses to “Tomatitos en fuga – Historia levemente escapista”

  1. Javier says:

    Si bien el comienzo es prometedor (con sus guiños a Les Luthiers y a la magna obra del director John de Bello), la abundancia de recursos humorísticos cuya comprensión está supeditada a la pertenencia a un deteminado “inner circle” del autor, la reiteración de una hipérbole verborrágica extravagante y la poca imaginación de la peripecia principal, hacen del presente, un artículo de difícil digestión y escaso valor nutricional.

    Las únicas cualidades redentoras de la pieza, son unos pocos momentos de verdadera inspiración (me viene a la mente el párrafo que manifiesta su solidarización con Marlon Brando), su escaso metraje, y su adecuado contraste tipográfico. Indudablemente negro sobre blanco es una elección que jerarquiza el producto y lo eleva un poco sobre su mediocridad inherente.

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0 (from 0 votes)
  2. Eeeeeeen vaaaarias salaaaaasssss

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0 (from 0 votes)
  3. buttonpol says:

    Recién ahora me entero que K! (y no, no es el de Men in Black) no entendió eso de que el mundo es redondo y etcétera.
    Reto al mundo civilizado que reinterprete ese mensaje críptico con otro ejemplo para que K! pueda entenderlo. No es tan difícil…

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0 (from 0 votes)
  4. Javier says:

    Eh, ya lo entendí…

    Finalmente,
    Un poco de
    Claridad acudió a la mente de
    K! (su servidor).

    Y lo ayudó a comprender la tan
    Ocurrente (aunque escatológica) chanza que
    Usted propuso.

    (Gracias Arnold).

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0 (from 0 votes)
  5. buttonpol says:

    Todavía eso, que yo me esmero en pedir a los demás que estén atentos a cualquier tipo de material que pueda ser bueno para mantener una regularidad en las publicaciones y no, resulta que ahora el señor se dedica a buscar en interné el material que yo debería estar utilizando en mis posts, creando, motivando mis rimbombantes neuronas en anécdotas que nadie cree, cuando, entretanto la gente como vos se dedica a escribir todo en un signo de ! aunque eso último fue solo porque precisaba cerrar la idea.

    (Qué grande firebug)

    VA:F [1.9.22_1171]
    Rating: 0 (from 0 votes)

Leave a Reply