Archive for the ‘Reflexiones Profundas’ Category

Libro de quejas

Thursday, April 7th, 2011

Ultimamente no estoy cocinando mucho y me estoy alimentando de ‘snaks’ (término coqueto para decir “porquerías”) . De todos modos, lo hago de una manera crítico-responsable ya que tengo en cuenta que:

  • El paquete que estoy consumiendo en este momento es de 180g y ya estaba por mitad
  • Según la información nutricional que se muestra al reverso del paquete, el valor energético es de 130 kcal por porción de 25 g (1 taza de té)
  • Según mi complexión y actividad física, para una dieta adecuada necesito unas 2500 kcal aproximadamente, equivalente a unos 450g  (18 tazas de té) a 5.2 kcal /g
  • No me quedan más paquetes de comida chatarra

Por lo tanto, si antes de dormir tomo 14.4 tazas de té puedo considerarme bien alimentado. Además, las instrucciones dicen que debo esperar de 3 a 5 minutos luego de colocar un sobrecito en una taza de agua hirviendo hasta que la infusión esté pronta, por lo que debo esforzarme en la precisión del cálculo para comenzar a prepararla entre unos 43.2 y  72 minutos antes de mi hora normal de sueño con el fin de evitar estar acostado innecesariamente o dormirme con una taza de té caliente en la mano, con los riesgos que eso implica. Además, si mis cálculos son correctos, seguramente me levante en varias oportunidades durante la noche.

A fin de cuentas, esta noche tampoco cociné. De hecho, hace mucho que no uso la cocina. La última vez que la usé fue en invierno para hacer una pizza; como la puerta del horno estaba rota desde hacía ya mucho, la llevé al dormitorio para usarla de estufa y no tener frío al dormir. Debido al aroma del dormitorio, pasé la noche soñando que trabajaba en una pizzería.

Era una pizzería bonita, con un horno a leña detrás y clientes al frente. Había un cliente muy enojado que se destacaba del resto, quienes solamente parecían molestos. Este era calvo y se quejaba de que un mozo había dejado caer intencionalmente un pelo en su sopa y que le había parecido de mal gusto. Le pregunté si lo que le pareció de mal gusto fue el chiste del mozo o la sopa. A modo de respuesta me pidió el libro de quejas. Seguido a esto otro cliente se acercó al mostrador quejándose porque la salsa Carusso tenía hongos no correspondientes y también  pidió el libro de quejas. Como recién lo habíamos prestado, pensó durante unos segundos y luego me preguntó si tenía “Moby Dick“.

Más tarde  entraron al bar dos muchachas jóvenes de musculosa y pantalones hasta la pantorrilla que, por la ropa, el acento y el pelo, supuse que eran francesas. A pesar de no entender mucho el idioma lograron hacerme entender que ambas querían bailar conmigo música del grupo “Ménage“. Obviamente me negué cortésmente. No solo no soy bueno bailando y estaba en horario laboral, sino que hubiera sido imprudente acceder sin haber escuchado un solo tema por la radio y no saber siquiera tararearlo. Me pidieron el “Livre des réclamations“, pero como el cliente calvo aún no terminaba de leerlo les presté “Le petit prince“. A la hora del cierre tenía varias personas quejándose del servicio, de los precios, de los impuestos, del clima, etc, todos pidiendo el libro de quejas. Por suerte tenía muchos libros. Antes de despertarme puse un buzón en la puerta de la pizzería con un cartel que decía “Devoluciones fuera de hora“.

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Desafórico

Sunday, October 3rd, 2010
  • Todos los caminos conducen a Roma, incluso los que salen de Roma. Si naces en Roma, te quedas en Roma… o te vas en avión.
  • Siempre busco la perfección. Hasta ahora he logrado ser un perfecto idiota, un perfecto inútil y un perfecto bueno para nada. Ya van tres, no es poca cosa.
  • No llores por la leche derramada. Simplemente, mata a la vaca.
  • ¿Es correcto guardar un respetuoso silencio ante la presencia del sordo?
  • Para los daltónicos, el color de la esperanza es el rojo.
  • Siempre que a uno se le prende la lamparita aparece alguien para cobrar la energía eléctrica.
  • ¿Laboratorio Roche? ¿Está Miflú?
  • El quemado con leche, si es tambero, llora todo el tiempo.
  • Una persona de sangre fría, de mirada fría y mente fría, con seguridad debe tener frío.
  • Llueve es igual a seis.
  • El gordito de la CIA me tiene cansado.
  • La gripe porcina ha dejado preocupado al lobo.
  • ¡El último que pague la luz!
  • Yo también llegué a esta página por accidente y a mi también me parece una porquería. Solo que yo decidí ayudar a desarrollar al máximo esa cualidad.
  • Un a mano la bala otra.
  • Todos los derechos reservados. Izquierdos aún disponibles.
  • Mi chanchita no tiene gripe, tiene monedas.
  • RECUERDO DE MI QUERIDA CONSTANTINOPLA
  • Perdulario no bisbisea.
  • Los estúpidos siempre tienen suerte.
  • No busco ser perfecto. Me sale sin querer.
  • Si usted evita cometer el mismo error, no digo dos, sino tres veces, créame que ya está del otro lado.
  • Si sigues las instrucciones al pie de la letra, al menos te aseguras que la culpa es de quien las escribió.
  • Si la culpa no es del chancho, entonces, sin lugar a dudas, es del laboratorio Roche.
  • ¡Nada nada como una buena nadadora en buen estado físico y sin nada de ropa!
  • El séquito se quitó sequito
  • Vendo momias. Todos los colores.
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Golpes y zombies – razonamiento levemente psicótico

Friday, May 21st, 2010

Es conocido que cuando uno se golpea fuerte, luego, durante días, uno pasa golpeándose el mismo lugar. Como si precisáramos un recordatorio del golpe y nos gustara mantener el tono morado-oscuro de la piel. Y bueno,  nunca falta el estúpido de turno que también nos golpea por simple gracia.

Interrumpo este razonamiento de tendencias golpistas porque una señora en camisón me está mirando por la ventana y no sé qué quiere. Está en el edificio de enfrente, como dos pisos más arriba y me mira. Me sigue mirando. No hace muecas. Está quieta. Creo que ni pestanea. Como dije, tiene un camisón blanco, de vieja (con todo respeto a las viejas que tienen camisón). No puedo asegurar que esté completamente vestida porque solo le veo el torso. Es más, ni puedo asegurar que tenga piernas.  No descarto la posibilidad de que sea zombie, con el cuerpo cortado a la mitad y se esté arrastrando por la ciudad, matando comunistas y rockeritos drogados. Además, dejo de mirar, como sonseando, sigo escribiendo, a ver qué hace, vuelvo la cabeza… y sigue ahí, mirando… repito el procedimiento, silbo “dale a tu cuerpo alegría Macarena”… y me sigue mirando. Parece la madre de Norman Bates, el de psicosis…

Me dan ganas de gritarle desaforadamente:

“¿Me querés decir qué carajo querés? ¿Querés comerme los sesos querés? ¿Qué pretende usted de mi?”

Capaz que si la saludo me responde. Habitualmente saludo personas desconocidas por las ventanas a ver qué hacen. Algunos saludan, sorprendidos; otros se quedan mirando como preguntándose “¿y este?”, incluso alguno me invita a tomar un café, ver un partidito de fútbol por la televisión o a debatir acerca de la situación en medio oriente, las guerras nucleares, etcétera. O sea, lo que sucede en cualquier tertulia de amigos… pero saludar a la viejita me da vergüencita.

¿Y si la invito con un café?

¿Los zombies toman café?

¿Los zombies van al baño? ¿Hacen del uno y del dos?

Bueno, en realidad no le veo ni la mano derecha ni el brazo izquierdo, así que tampoco sé si otro zombie le arrancó las extremidades de cuajo. En ese caso le tengo que poner un sorbito en la taza de café, porque no voy a estar dándole la bebida en la boca. Capaz que entonces le invito un mate.

Ta, ya se fue. No le grité nada, no le invité nada. No fue necesario.

Ahora me vino la duda. ¿Qué me habría contado?

No hace mucho estaba debatiendo con uno de mis jefes y el sopenco de mi diseñador gráficola acerca de la imposibilidad de matar a un zombie, ya que no están bien definidos. O sea, yo argumentaba que un zombie, por definición popular, no está vivo. Entonces, uno no puede matar algo que no está vivo, ya que el acto de matar implica, según la real academia española, y cito textualmente

Matar

1. tr. Quitar la vida. U. t. c. prnl.

O sea, si no tiene vida, no lo puedo matar.

Pero, también se sabe por el acervo popular que un zombie no está muerto. ES un no-muerto. Entonces, si no está vivo ni está muerto, no le cabe el verbo matar. Le cabrán otras cosas. Eso me hace preguntarme

¿Qué le cabrá a la cabra?

¿Acaso una loca idea una loca idea?

¿Por qué en verano el sol es abrazador? ¿Qué desconsuelo lo aqueja en verano que tiene tanta necesidad de demostrar afecto, pero no está presente en las demás estaciones?

¡Pucha! Volvió la señora. Me está poniendo nervioso… y ahora se fue de nuevo, pero apareció otra, en otra ventana. Qué cómico, esta está tomando mate. Entonces, los zombies toman mate.

¿Cómo se comunican? ¿Se mandarán mensajes de texto entre los zombies?

Bueno, la señora zombie me cortó el razonamiento y ya llegó todo el mundo a la oficina, así que me pondré a trabajar… o no :)

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Yoda apesta – Pequeño berrinche estelar

Wednesday, May 12th, 2010

Hace pocos minutos, y menciono este adverbio de tiempo tomando como referencia el momento exacto en que empiezo a escribir esto, porque siempre hay que tener una referencia para clarificar o visualizar las ideas o conceptos a transmitir, que ayuden al mutuo entendimiento entre disertantes, así como cuando uno dice “la segunda puerta a la derecha después de la columna redonda”, “el edificio que tiene la estatua del elefante en una pata en la puerta”, o “la rubia tetona que está con el de cara de nabo”; hace pocos minutos, decía, estaba razonando vía chat acerca de la drogadicción de Yoda, el macaco verde de Star Wars. Hablábamos de ese bicho podrido, tan colorido como un catarro, arrugado y verde como gurí en su primer tormenta marítima, tan viejo y sabio que se considera a sí mismo (y claro, siempre está rodeado de giles que le siguen la corriente), pero que aún así no puede articular una sola frase correctamente. Me lo imagino blandiendo su sable-luz mientras grita “¡¡Aquí a usar de baño un arbol perro cornudo fuera de!!”, o sino mientras asoma la cabeza por la puerta entreabierta a la voz de “¡¡¡Yegua madre hijo de su que papel se terminó el el!!!”.

El hecho radica en que tal charla me hizo acordar al momento de ver la última de las películas de la saga, que en realidad es la del medio y fue hecha muchos años después de la que viene inmediatamente a continuación. O sea, ví una película donde cualquier hijo de vecino podía deducir casi con exactitud el desenlace, es decir, con un tipo asmático que usa siempre un balde de construcción en la cabeza y tiene un radiograbador con cassette y lucecitas rojas pegado en el pecho.

Tiempo después (como un año, porque yo me tomo mi tiempo, y eso me hace acordar que tengo que tomarme mi pastilla… es que ando malito) comencé a razonar acerca de por qué tanta historia, si ya sabía el final, por qué me quejaba. Y es que en realidad esperaba que aún así me sorprendiera, que me levantara del asiento del cine aplaudiendo, que alegara completamente convencido que los Jedi son unos eunucos maricones que no saben nada, quería terminar con ganas de pintar graffitties por toda la ciudad que dijeran “Darth Vader Rules”… pero la verdad es que la escena crucial fue una escena barata, como escrita por un par de borrachos tirados en una cuneta al costado de una ruta, con el malo malo interpretado por un viejo que tenía más dificultades peleando con el sable-luz que Mohamed Alí enhebrando una aguja adentro de un carro tirado por caballos, y con una transformación de Anakin al lado oscuro que bien podía ser escrita “¿Me estás diciendo que tengo que ser malo malo malo?… ufa… bueno”.

La verdad, gusto a poco, esa película me dejó más incógnitas que otra cosa. ¿Acaso toda mi infancia viendo esas películas en cintas pirata no significaron nada para los guionistas y/o productores? ¿Dónde quedó el agradecimiento por toda mi infancia dedicada a ovacionar a la trilogía original?

Recuerdo que durante días escupí a todo aquel que me recordaba esa película. Luego de una semana comprendí que no había razones para seguir haciéndolo, ni más saliva con qué hacerlo.

Peliculones eran los de antes, qué se le va a hacer… a fin de cuentas, no hay peor sordo que el que no quiere ver.

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